Adán en el Jardín
- Carolina Latorre
- 28 oct 2021
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 27 ene 2022

Una mañana Eleonora se despertó, había conocido un pez ligero
que navegaba entre sus piernas. Con caricias de pluma bordeaba
los orbes de su pecho, trazando espirales salinos y como ráfaga de luz,
invadió su cuerpo, su alma y la sonrisa de sus ojos.
Acarició con sus escamas tornasoladas su extensa cabellera
de ramas y de hojas. Fue entonces que al bajar por su frente
se encontró con su mirada reconociendo de inmediato sus aguas
cristalinas de río dulce, sin pensarlo, se fundió en ellas hasta perderse...
Pero todo río tiene piedritas...y las piedritas cantan al rodar..
así que fue fácil que él descubriera de nuevo el camino a casa,
y su rafaga de luz se incorporó en la ventana.
Al salir, hizo sonar las campanitas de la puerta y en la mano de Elenorora
puso un beso.
Dobló la esquina, la guardó en el bolsillo de su camisa
y caminó con la firme esperanza de volver.
Esperamos por el pronto reencuentro de Eleonora y su amigo el pez. Muy bonita la narrativa. 😍